Terreno

La esencia de un territorio puede verse en el carácter y la excelencia de sus vinos; esto es nuestro credo y nuestro objetivo.

Respetamos plenamente la singularidad de un entorno vitícola intacto y óptimo como la Ribera del Duero, gracias a la atención al medio ambiente y su total sostenibilidad.

Transformar una gran uva es un gran honor, hacerla vino una gran responsabilidad y, reflejar su territorio de origen, un deber moral. El talento de la Ribera del Duero se basa desde siempre en unas condiciones climáticas únicas, un abrazo entre el clima mediterráneo y el continental, donde todo se juega al hecho de que ninguno de los dos cierre demasiado los brazos.

El equilibrio del resto de sus componentes forja, como en una persona, el carácter de su fruta, firme y decidida, clara y orgullosa, sin sombras ni turbaciones.

Es por esto que estamos en una de las zonas vitivinícolas más prestigiosas del mundo.

Su creación trae suelos heterogéneos compuestos de arena limosa hasta llegar a capas de marga, en laderas montañosas con dulces posturas, en una cuenca donde las temperaturas y las corrientes térmicas juegan y se persiguen unas a otras haciendo la uva seca y sana; estamos a más de 800 metros sobre el nivel del mar.